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Charla para ser leìda, reproducida y distribuida sin restricciones. Hugo Gez

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En los repositorios, públicos o privados, como causas de pérdida o ruina de documentos tenemos explosiones, mudanzas, inundaciones, incendios, robos y aún malas intervenciones pero poco o nada se dice de la falta de interés y el abandono.

 

Fotografías de amigos o parientes, de viajes, de reuniones familiares o fiestas de pueblo son desechadas como papeles sin importancia porque al perderse la referencia o cortarse la cadena de información, esos retratos- de personas alguna vez ligadas a nosotros-, se vuelven absolutos desconocidos. Entonces, ¡¿para qué guardarlos?!. Lo atesorado durante décadas tiene que irse.     Quiero aclarar que estoy lejos de hacer una crítica generalizada a las personas que se deshacen de lo que otros conservan; tampoco aliento a  mantener todo lo viejo sólo porque es viejo. Si así fuese le restaríamos lugar, esfuerzos e importancia a objetos y documentos que sí es necesario preservar. ¿Cuáles son esos documentos? Ese es un asunto para que lo debatan los historiadores, los archiveros, los investigadores, junto con  los encargados de asignar recursos. Lo cierto es que no hay espacio para guardar todo.

 

Las mudanzas son un flagelo para un archivo: En una ciudad, mudaron hace pocos años el archivo provincial desde un edificio del siglo 19 a un edificio nuevo dentro del cual le asignaron el sub-suelo, por supuesto. En el traslado se ignoraron  todas y cada una de las operaciones que los entendidos en archivos recomiendan para estos casos. El personal que hizo el traslado en esas condiciones de premura (en sólo 6 días) y en el cual se perdió el orden archivístico, es sólo parcialmente responsable de esta conducta ignorante para con los “papeles”. Y esto está bastante extendido.

 

No cabe duda que al modificarse tanto nuestras costumbres, el valor de estos archivos se ha incrementado en los últimos años.

 

El teléfono tardó cien años para llevarse consigo la comunicación postal entre las personas y adicionalmente con ello, el placer de escribir a mano (he admirado la hermosa caligrafía que poseían los alumnos de hace un siglo). Se han reemplazado las cartas que antes tanto ayudaron al historiador a reconstruir con sus contenidos, las pequeñeces de la vida cotidiana. Hoy las cartas son tan escasas y lacónicas, que es difícil encontrar alguna que sirva como base de crónicas en el futuro. Si algo faltaba para convertir a las cartas en piezas de coleccionista, era el correo electrónico. Rescato del e-mail el hecho de que la gente se comunica más, aunque la riqueza idiomática se vea resentida. La computadora es ahora el centro de la casa-nueva máquina de escribir- entre otras utilidades. Herramienta para arquitectos y diseñadores gráficos que ya no dibujan porque no lo necesitan. Ya no se fabrica más el Letraset ni saben crear una tipografía ni usar el cemento de contacto para armar un original. No lo necesitan. Los nuevos arquitectos tampoco dibujan, tienen que dominar el Autocad.

 

En San Luis un periodista  me contaba su manera de estar al tanto de las novedades y decía : “a la mañana me conecto a Internet y luego paso a los noticiosos que vienen desde la TV Española, BBC, CNN y todos los demás que pueda ver, según la hora”.

 

Han pasado sólo diez años desde que la situación de este hombre era estar obligado a depender de las agencias porteñas. Y había alguien encargado de la máquina de teletipo.

Como dije, mi recuerdo de la década de 1950 es de mucha lectura. Los adultos leían en aquellos tiempos las de interés general como Leoplán o Vea y Lea, además de las importadas, tipo Life o Post que tenían tan buenas fotografías. Yo leía las de historietas, como Tit-Bits, Rayo Rojo, etc. Llegaban a casa no menos de 10 publicaciones por semana, sin contar los diarios. La televisión, en cambio, era una curiosidad que podía verse en las vidrieras de algunos negocios; contadas familias tenían acceso a ella y limitadas a la Capital Federal. A partir de 1962, con la inauguración de los canales 9, 11 y 13, se produce un lento pero sostenido crecimiento y un desplazamiento del interés por lo escrito a favor de la TV; desde el Mundial de fútbol de 1978 su avance se hizo incontenible, remarcándose notablemente hoy.

 

A veces, la televisión toma en cuenta nuestra necesidad de conectarnos con el pasado y –lamentable paradoja- recurre a recortes de diarios :

De un programa sobre historia del siglo XX  un crítico dijo : “...Hay también un exceso de recortes periodísticos fotografiados estáticamente por las cámaras de TV. Esto indica a las claras la dificultad o la imposibilidad de obtener materiales filmados o grabados en su momento. No es extraño. Una de las características argentinas ha sido, desde siempre, la sistemática destrucción de esos materiales. Por desaprensión en muchos casos, con premeditación para no dejar rastros de ciertos episodios o trayectorias políticas, por ignorancia supina del valor histórico de hechos y documentos que hacen a la memoria de una sociedad...” etc.

A pesar de esta toma de conciencia las cosas no están cambiando.

 

El primitivo Canal 7 no conserva registros de sus primeras décadas de existencia porque reutilizó las cintas de video varias veces. Aquí el soporte -triacetato- resistió mucho más que el contenido. Creo que los demás canales tampoco conservaron sus primeros años.

 

Fotografías

De todos los soportes donde almacenamos datos, siento que es en la fotografía donde hemos capturado el tiempo pasado y nos hemos apoyado principalmente para salvaguardar nuestra identidad. Comparte con el papel y con  muchos otros materiales alojados en museos y archivos, el maltrato que pueden darle las condiciones de manejo y de guarda.

 

En el año 1987, Grant Romer (del Museo Internacional de la Fotografía) decía “En 20 años más la fotografía, tal como la conocemos ahora, ya no existirá. Será sobre soporte electrónico”. La fecha llegó y es evidente el acierto del pronóstico . Es un hecho innegable que la película  está siendo reemplazada. La cámara se convierte poco a poco en un periférico de la computadora y el negativo desaparece dentro de una tarjeta con cierta cantidad de bits de información.; pero creo nunca desplazará del todo a la fotografía analógica, que aún goza de buena cantidad de adeptos.

 

En cortísimo tiempo los diarios innovaron drásticamente la manera de trabajar sus imágenes. Repentinamente comenzaron a imprimir en color y suspendieron el uso de película y de papel blanco/negro cambiando a película negativa color. Ese fue el primer paso. Hacia 1992 todavía se revelaba blanco y negro (cada fotógrafo lo hacía al regresar de una nota). Poco después se instaló una reveladora de negativos color automática y se estaba  y eliminando el positivado. Los fotogramas ingresaban directamente vía escáner a la memoria de la computadora y allí se hacía la elección de las imágenes y el encuadre, etc. Esto generó dos tipos de archivos: el de la película y el de las imágenes seleccionadas para la publicación. En esos años ya se ensayaba el uso de las cámaras digitales, costosísimas y enormes. Su presentación “oficial” por lo menos para los diarios de Buenos Aires fue con el Mundial de Fútbol de Francia.

 

Un problema a futuro para la conservación de las imágenes.

Por un lado, la película color es más sensible a la degradación que el blanco/negro. Por otro lado el almacenamiento en CDs de las imágenes seleccionadas pudieran quedar inaccesibles a causa de la mutación de los elementos técnicos de lectura, tal como ha sucedido con el disquette y antes con el floppy de 5.25”.

Los negativos pueden conservarse, ya que se sabe que por cada 5 grados Celsius que baja la temperatura en el sitio de almacenamiento, se le da a los negativos una duplicación en su esperanza de vida.

De este modo, si una película que es almacenada a 25 grados y 40 % de HR tiene una vida hipotética de 1 año, a 20 grados es de 2 años, a 15º será de 4, a 10º será de 8 y así sucesivamente hasta llegar a la temperatura de un freezer a 15 grados bajo cero, en que la esperanza de vida es de 250 años. Pero ningún diario enfría sus negativos. Algunos ni siquiera los mantiene más allá de los 10 años porque el espacio de guarda es escaso, así que salvo raras excepciones los diarios no son lugares donde uno pudiera encontrar fotografía histórica.

Hoy, el 90% de quienes desean ilustrar las primeras décadas del siglo XX lo hacen en el AGN con la colección de Caras y Caretas. Si esta situación la proyectásemos 100 años en el futuro ¿de qué dispondrá el imaginado historiador para ilustrar su artículo sobre los comienzos del siglo XXI ?

 

Muchos soportes, como el de las cintas de audio y video, al igual que los CD, son de plásticos que se ven afectados por la temperatura, la humedad, el polvo y la abrasión y, en algunos casos, por campos magnéticos. Los discos fonográficos de pasta negra son frágiles y pesados. Deben guardarse verticalmente sin permitirles inclinarse; son inmunes a campos magnéticos pero muy sensibles al polvo y al desgaste producidos por las púas. Si la información que contienen es valiosa deben reproducirse una última vez para grabarlos en cinta o en digital.

 

“Guardar  en  lugar  fresco  y  seco”

 

Los CD (discos compactos) pueden tolerar bastante bien las condiciones normales de uso sin un daño inmediato siempre que el ambiente de guarda no supere los 25º Celsius y una HR del  45% pues los lentos cambios químicos no se detienen. La temperatura provoca cambios tales como oxidación de las capas metálicas reflectoras, desvanecimiento de los tintes, deterioro de los polímeros (son policarbonatos) que sirven de soporte y recubrimiento.

Si la temperatura de almacenamiento desciende y es inferior a 10º C, su expectativa de vida aumenta enormemente

 

Hasta que haya mayor información este conservador repetirá lo que Kodak dice en sus manuales: que sus CD grabables, para alcanzar el límite de uso necesitan 200 años en un ambiente controlado y 100 años en un ambiente común de oficina, siempre que esté protegido de la luz y en su estuche. Para propósitos de prueba esta Compañía fija que el fin de la vida útil de un disco es: Errores detectados en un período de 10 segundos con un límite de 50 errores (BER - block error rate- max 50). A pesar de esto, discos con más de 50 errores continúan siendo perfectamente leíbles.

 

Dejando de lado los rayones, incendios, inundaciones y pérdidas, la esperanza de vida de estos discos es bastante larga, tan larga como para enfocar nuestra preocupación hacia las máquinas que los puedan leer ¿existirán de aquí a 50 años ?. Si alguien va a enterrar una cápsula del tiempo y quiere poner un CD musical, hágalo con su correspondiente lector y audífono. Dudamos que lo puedan descifrar si no le acompañan de tal aparato.

 

En cualquier caso, si mantenemos fresco y seco un ambiente, estaremos extendiendo la “vida” a los elementos que estamos tratando de preservar. Determinamos que un ambiente es fresco cuando su temperatura no sobrepasa los 21ºCelsius en verano. Un ambiente seco es con una humedad relativa no mayor del 45 %, tanto en invierno como en verano, es decir, con cualquier temperatura.

Mientras más cálido y húmedo es el ambiente de guarda, más rápido se producen las reacciones químicas de deterioro. En este sentido, prácticamente todos los materiales orgánicos se parecen.

 

Duplicación

 

Otra manera de prolongar la vida de la documentación fotográfica es la duplicación, ya sea por medios digitales o por medios analógicos, preservando los originales retirándolos de la consulta y evitando el manipuleo. Económicamente es más ventajoso duplicar por medios digitales. La conservación del patrimonio a largo plazo es un problema que hay que encarar urgentemente y ya se han hecho intentos desde el punto de vista digital y los resultados son francamente prometedores. Sólo falta un poco más de estabilidad en el diseño de los discos, dicho en otras palabras, todavía la industria está balbuceando en cuanto a encontrar un disco de “larga vida”. Aún así, los disponibles sirven como un seguro contra la pérdida de los acervos pero no descartando o abandonando jamás los originales, como alguna vez se propuso.

 

Además la digitalización es un lugar del que no se vuelve: una vez embarcados en ella, parte del presupuesto anual deberá ir a parar a la actualización de esa tecnología. Estaremos usando la mayor de sus ventajas si evitamos la consulta de las piezas originales y las reemplazamos por duplicados digitales.

A partir del uso de estos sustitutos preservaremos los originales, generalmente en estado de fragilidad, permitiendo que  se mantengan estabilizados en envases adecuados.

 

 

 

 

Básicamente los procesos de manejo de la imagen digital comprende tres etapas: la captura, el procesamiento y la salida.

 

La captura) es el escaneo en el cual la máquina lectora o escáner divide la imagen en diminutas losas o unidades de información.

El procesamiento es la conversión de esta información por medio de un programa especial para imágenes.

La salida es la impresión, es decir la reconversión de la información en puntos por medio de una impresora.

 

El trato del documento que va a ser escaneado ha de ser cuidadoso. Por un lado tenemos el manejo de un documento en delicadas condiciones al que hay que extraer de su protección, colocarlo en el escáner y luego volverlo a su lugar. Hay que trabajar con la mesa despejada y pedir ayuda en caso que dos manos no sean suficientes para sostenerlo con seguridad.

 

Por otro lado, la luz de la lámpara del escáner puede llegar a afectar en algún grado su estabilidad. Aquí tenemos que balancear entre un daño leve, si es que hay alguno, y la salvaguarda que significa no manipular más el original en la consulta, tenerlo disponible en zonas remotas que de otro modo jamás accederían a esas imágenes y además hacer intercambios con otros repositorios.

 

Si el original fuese muy frágil o engorroso de manejar, como por ejemplo un álbum, hay la opción de capturarlo mediante una cámara con respaldo digital. Esta operación no pone en peligro la pieza si se hacen las cosas correctamente en lo referente a la iluminación.

 

Una vez digitalizado el documento tenemos la posibilidad de corregir cualquier defecto producto de sus años que pueda impedir su plena apreciación, pero apelando a la ética que debe prevalecer para evitar su falseamiento (un documento antiguo debe lucir como antiguo). Debemos respetar el Código de Ética de la Conservación.

 

La consulta del original se reservará para algún especialista cuando la pantalla del monitor o una copia impresa no provea toda la información buscada.

 

Al emprender una digitalización a gran escala, según el tamaño de la colección, se debe hacer una justipreciación de sus componentes pues debe incluirse en el presupuesto la posibilidad de que parte de esa colección deba tener su duplicación sobre película fotográfica blanco y negro procesada para larga duración, el consiguiente aumento del tamaño del archivo, como así también dejar de lado algunos documentos que no sean de nuestra competencia y haya que darles nuevo destino o incluso darles de baja. Proceder con mucho cuidado en este punto y consultar a especialistas en archivología. No descartar fotografías porque carecen de datos tales como fecha, lugar o identificación de personajes, su valor de documento, a pesar de quedar muy disminuido, no se ha perdido del todo.

 

Papel

                Desde mediados del siglo 19 la calidad del papel en general y del papel para libros y diarios en particular, ha ido decreciendo en la misma proporción en que ha crecido el consumo.  Para satisfacer la demanda de pulpa, se comenzó a emplear madera en lugar del algodón que se usaba hasta ese entonces y que se volvió cada vez más escaso. La madera contiene lignina como constituyente de la fibra que, al degradarse, debilita la ligazón entre ellas dando un producto final quebradizo y débil.

 

                La fabricación de la pulpa puede ser encarada por medios mecánicos o por medios químicos siendo esta última opción más costosa pero obteniéndose una mejor calidad ya que permite eliminar la lignina y otras impurezas.

               

Según la ANSI, que es el instituto de normas norteamericanas, para que un papel sea considerado PERMANENTE,  debe cumplir estos requisitos:

 

                Debe tener un pH de 7.5 o mayor.

                Debe contener una carga de carbonato de calcio o de otro álcali.

                Debe estar libre de impurezas químicas y, mejor aún, contener algodón u otra fibra larga.

                Debe ser resistente a los dobleces y a las rasgaduras.

 

El uso de un papel neutro o levemente alcalino asegurará la longevidad de los documentos escritos en él, siempre y cuando la tinta con la cual está escrito sea la adecuada. En las tintas, tanto sean caligráficas o transportadas por las cintas de las hoy desaparecidas máquinas de escribir o impresoras de computadoras, hay una gran carencia de datos por parte de los fabricantes.

 

El Estado argentino no ha sido asesorado para que se comprenda la conveniencia de usar papel permanente en los casos que sea necesario escribir documentos. Se podría hacer mediante el IRAM (Instituto Racionalizador Argentino de Materiales ) que es el encargado de sugerir a los fabricantes de papel las normas que deben ser aceptadas y puestas en práctica para la obtención de un producto acorde a las especificaciones internacionales. En otras palabras, aquí no se ignora el “cómo” sino el  “para qué”.

 

Los hongos, los insectos, los roedores y el hombre son agentes biológicos de deterioro del papel.

 

(Cabe aquí recordar que las fotografías comparten con el papel mucho de su deterioro por su constitución, añadido a esto su inestabilidad debido a su complejidad).

 

Para crear un ambiente que sea hospitalario para papeles y fotografías debemos poner nuestra atención en:

--Monitoreo de la temperatura (T) y de la humedad relativa (HR).

--Control de la T y de la HR mediante aparatos adecuados estableciendo parámetros realísticos,  compatibles con nuestras posibilidades económicas previendo reparaciones a corto, mediano y largo plazo.

--Controlar la radiación (ultravioleta, luz visible, infrarrojo) que cae en las obras sin olvidar que el tiempo de exposición está en relación directa a la intensidad de la luz que reciben.

--Poluentes atmosféricos (calidad del aire). Sobre todo evitar el humo del cigarrillo en las áreas de guarda y exhibición.

--Equipo para detección de humos y de agua en prevención de incendios, cortocircuitos e inundaciones (filtraciones por techos y caños).

--Seguridad mediante cámaras de TV en circuito cerrado en prevención de daños por vandalismo y robo.

 

                Así como la humedad presente en la atmósfera de una sala es siempre relativa con respecto a la temperatura, al modificar una, se modificará la otra. Por lo tanto es primordial que la temperatura se mantenga lo más estable posible para evitar la oscilación de la humedad que es la causal del estrés en la estructura de los materiales. (Ver Vitrinas).

 

Las temperaturas varían a lo largo del día y a lo largo de las estaciones (independientemente del aislamiento y de la climatización, aún mecánica); pero es posible que algunas áreas sufran estas variaciones con mayor violencia que otras. Es por eso que antes que nada, debemos saber cuáles son los parámetros naturales de las salas, por lo que efectuaremos mediciones y anotaciones cuidadosas y diarias en el transcurso de todo un año, lo que permitirá obtener un registro de cuántas zonas climáticas tenemos en el edificio y cómo se comportan unas con respecto a las otras. Al saber este dato alojaremos en las salas más estables los materiales más frágiles de nuestra colección.

 

Entre los materiales frágiles se cuentan los textiles, los documentos escritos, obras de arte sobre papel y las fotografías.

 

 

Climatización activa, climatización pasiva:

 

Sabemos que para climatizar una casa o una sala tenemos dos opciones. Instalamos un acondicionador de aire o la aislamos del exterior.

Activa:

La climatización mecánica: Estas son instalaciones complejas de calcular y de instalar. Costosas de mantener.

Pasiva:

Climatización proporcionada por aislamientos en techos y paredes, por ejemplo: toldos, cortinas y persianas. No intervienen aparatos que necesiten de electricidad para su funcionamiento. La orientación y ubicación de las salas dentro del edificio es importante a la hora de seleccionar la que ha de climatizarse.

               

                Tanto la climatización pasiva como la activa tienen ventajas y desventajas:

La climatización pasiva  no depende de la electricidad para mantener dentro de parámetros aceptables el ambiente de la sala. No hay costosas instalaciones que mantener. Esto sí ocurre con la climatización activa que si falla puede que pasen meses y hasta años conseguir su reparación, con el perjuicio que puede significar para los materiales que allí se guardan. En el repositorio de un Observatorio, donde se guardan negativos fotográficos muy importantes, la rotura del equipo de la cámara refrigeradora -que no volvió a funcionar por cuestiones presupuestarias- provocó más daño que si jamás hubiesen instalado tal cámara.

Para ser efectivas y no provocar saltos en las condiciones atmosféricas con el consiguiente estrés para los objetos que se guardan, tienen que estar en servicio las 24 horas del día. El encendido y apagado diario produce variaciones de HR y temperatura llamadas “diente de sierra” por el hecho que las agujas de los aparatos que controlan estos datos suben y bajan de acuerdo a la puesta en marcha y detención del equipo. También es llamado “ciclado térmico” y se forman sobre todo en los microclimas del interior de cuadros con vidrio o en vitrinas.

 

La climatización pasiva es la mejor elección pero –lamentablemente- no toda la geografía del país, ni todas las salas de un museo son adecuadas para este tipo de solución.

 

La climatización activa, por su parte, al permitir parámetros imposibles de alcanzar pasivamente, tendrá que usarse con materiales más delicados, en condiciones más extremas de humedad y temperatura y en instituciones con presupuestos adecuados y permanentes.

 

Una tercera alternativa la brindaría una buena climatización pasiva ayudada por ventiladores de techo que mantendrían el aire en continuo movimiento impidiendo la formación de  bolsones de aire estancado en los lugares más elevados. Tanto el aire húmedo como el caliente tienden a subir y estacionarse en lo alto.

 

Hay en el mercado argentino aparatos deshumectadores que funcionan muy bien en ambientes de hasta 50 m cúbicos.

 

Ninguna de estas posibilidades podrá ser elegida ni funcionará correctamente, si no establecemos primero la medición de HR y T en forma continuada y metódica, anotando los registros a lo largo del año para poder enterarnos qué está sucediendo con el interior del edificio y con las condiciones atmosféricas del exterior. Para esto están disponibles estaciones meteorológicas automáticas que recogen y guardan docenas de datos en su memoria y luego los grafican en una computadora.

 

El deterioro es un estado hacia el cual se dirige todo lo orgánico que existe en el planeta. Impedir que esto suceda es imposible. Pero este proceso de oxidación puede ser retrasado o acelerado, según las condiciones de guarda o almacenamiento que le brindemos a nuestros objetos.

 

 

 

 

Energía+Agua

 

Casi todas las reacciones físico-químicas que sufren los materiales y que se conocen bajo el nombre genérico de envejecimiento, necesitan  primordialmente de dos factores:

energía, que inician las reacciones químicas y agua, que las facilitan.

 

El agua es obtenida de la humedad presente en el aire y la energía la provee la temperatura ambiente o la luz o ambas.

 

La luz provoca lo que suele llamarse deterioro fotoquímico; es por eso que hay que cuidar la calidad de la luz filtrando la radiación (UV) y regulando la cantidad  (luxes) al exhibir obras de arte y objetos delicados y por supuesto llevar la cuenta del tiempo al que estén expuestos.

 

Por ejemplo: si exhibimos una fotografía o un textil o una peineta de carey, con una lámpara dicroica que entrega 600 luxes a un metro de distancia, debemos multiplicar esa cantidad por las horas en que dicha obra es mostrada, supongamos que es a partir de 10 de la mañana hasta las 21, es decir 11 horas. Esto nos da 6600 luxes por día. Si la obra se exhibe un año, (unos 300 días), tendremos casi 2 millones de luxes. El daño producido por la luz es irreversible y este efecto es acumulativo. Se acelera en 6 veces si iluminamos con luz natural diurna en lugar de hacerlo con luces de tungsteno.

 

Es fundamental regular la cantidad de luxes que recibe un objeto en exhibición. Un límite general ilustrativo podría ser 50 luxes en una hora. Hay recomendaciones precisas para la iluminación de acuerdo con la delicadeza de los materiales y aún 50 luxes pueden ser demasiados. Hace unos años se pensaba que filtrando las ondas más cortas, el daño quedaba eliminado. Hoy se sabe que el resto del espectro también es perjudicial. No hay que cuidarse solamente de la longitud de onda corta de la luz (UV), sino de todo el espectro visible.

 

El envejecimiento es más notable en objetos de poca calidad o inestables. Por eso los papeles ácidos de los diarios y de los libros de ediciones económicas, muestran un deterioro superior (se vuelven amarillentos y quebradizos) a una carta o un billete. El papel para escribir y el papel para imprimir dinero es de buena calidad.

Curiosamente en las copias fotográficas sobre papel albuminado, las que muestran primero sus signos de desvanecimiento, es decir pérdida de densidad general, son las que estaban “vírgenes” de exhibición. Si el azar nos pone frente a una serie de hermosas fotos sobre papel albuminado no exhibamos sino sus duplicados.

 

Vitrinas

 

En un ambiente cerrado, con un volumen de medio metro cúbico y a veces menor, es casi imposible no cambiar violentamente las condiciones de HR y temperatura cuando se encienden sus luces, sobre todo si son dicroicas. Hay que evitar este tipo de lámpara o por lo menos asegurarse que la distancia entre ésta y la parte más cercana del objeto sea suficiente como para no generar desecación (deshidratación). Evitar a toda costa el uso de vitrinas en que las lámparas estén contenidas en su interior.

Un modo seguro de iluminar una vitrina es con fibra óptica, en la cual el proyector se encuentra fuera de ella y las fibras transmiten una luz sin temperatura y sin UV. Últimamente apareció en el mercado una luz muy prometedora: el led (diodo de emisión de luz). Es fria y sin UV. Son pequeñas, trabajan con un voltaje bajo y son buenas reproductoras del color.

 

El flash en el museo

 

Agrego un comentario a esta charla acerca de un enigma común que circula entre el personal de museos: “prohibido usar el flash”.

Si a alguien se le ocurre preguntar porqué está prohibido usar el flash en el museo, es probable que no hallen una respuesta satisfactoria. Está prohibido y no hay nada que discutir.

Pero vamos a tratar de explicar esta regla. El flash emite un destello que es más o menos potente según el modelo y cuya duración es de una milésima (1/1000) de segundo o menor. Esto quiere decir que, para completar un solo segundo de exposición de esta luz (que tiene tanto UV como la luz del sol), serían necesarios al menos mil disparos continuos. Perece una cifra impensable para un museo.

Posiblemente la prohibición se originó en Europa donde se usaba hace muchas décadas el polvo de magnesio, con la consiguiente incomodidad producida por el abundante humo e incluso por el peligro de provocar un incendio.

 

Es absolutamente recomendable que todos los museos tengan confeccionado su inventario fotográfico. Por tal motivo el uso del flash debe dejarse para empleo del museo.

Por eso y por otras razones debiera desalentarse su uso por parte del público visitante a pesar de no poder culpar al flash de deterioros debidos a la luz.

 

Las otras razones son de índole bien diferente:

a) la obtención de fotografías para la venta (tipo postales) fuera de la injerencia del museo y

b) la obtención de fotos de piezas valiosas para su eventual robo.

 

Atmósfera

 

La pureza del aire es otro factor importante en nuestra intención de brindar un ambiente lo menos agresivo posible.

 

Que la atmósfera en nuestras ciudades ha cambiado en el último medio siglo no es novedad para nadie y a pesar que la prohibición de incinerar los residuos domiciliarios ayudó en alguna medida a limpiar el aire de las partículas más pesadas (el hollín), la causa principal de polución sigue siendo el parque automotor.

 

Los gases ácidos -resultantes de la combustión de los motores- han aumentado sensiblemente de acuerdo con las mediciones efectuadas en esquinas céntricas de la ciudad*.

 

Buenos Aires tendría una de las atmósferas más dañinas si no fuese que está atravesada por fuertes vientos durante muchos días del año. En otras ciudades ya es un problema encontrar un ambiente limpio porque no hay conciencia que el aire es uno sólo. La quema de campos con caña de azúcar en Tucumán, de residuos domiciliarios en Córdoba, de neumáticos y de plásticos en San Luis, etc. nos puede obligar a cerrar el acceso del aire exterior en la sala de almacenamiento y permitir sólo el ingreso de aire que haya pasado a través de filtros de carbón activado.

 

Las ciudades tienen algunas áreas más contaminadas que otras; si por milagro se encara la construcción de un nuevo repositorio, éste se debería ubicar en zonas abiertas donde los vientos puedan disolver la concentración de gases. Desafortunadamente se los instala en edificios en desuso y absolutamente inadecuados. Es entonces que las cajas se aparecen como indispensables para proteger a los objetos del ambiente.

 

Cajas

 

Es importante no dejar expuestos los documentos al aire del recinto sino dentro de cajas, fabricadas -en lo posible- con materiales neutros, libres de acidez tanto sus cartones o plásticos como los adhesivos. Aún si sólo tenemos cajas de baja calidad donadas por los comerciantes del barrio, las usaremos igual, interponiendo entonces una barrera entre el contenido y la caja mediante el uso de un papel con carga alcalina o una fina lámina de Mylar-D o Melinex-516 con el fin de evitar la interacción con los elementos nocivos presentes en los envases. A veces debemos optar por lo posible en lugar de optar por lo ideal. Es muy evidente, con el paso del tiempo, la protección que da a las colecciones el estar dentro de cajas, aunque éstas no sean de calidad museológica pero debemos cambiarlas por cajas buenas en cuanto se pueda.

El polvo que se acumula sobre libros, papeles y fotografías es un factor de deterioro que se evita usando cajas. Este polvo es sumamente agresivo para las vías respiratorias pues está constituido en un gran porcentaje por microácaros que viven de los restos de otros insectos y de la piel que los humanos perdemos diariamente.  Así pues,  es conveniente tomar precauciones para evitar respirar polvo cuando se hace la limpieza de una biblioteca que lleva algún tiempo sin ser aseada. El uso de barbijos de papel o de máscaras con filtro es de rigor para estos trabajos.

 

También es conveniente el uso de una aspiradora que tenga al menos tres filtros (uno de tela y dos de papel) para impedir el reingreso al ambiente de la suciedad aspirada. Vale la pena invertir dinero en una aspiradora con filtro bacteriológico . Si hay elementos delicados o muy deteriorados es conveniente no usar toda la potencia de succión de la aspiradora para evitar la rotura de los bordes o esquinas.

 

Limpieza rutinaria

 

La limpieza rutinaria es la mejor manera de hacer preservación y esto debería estar planificado y programado específicamente.

Tener en cuenta estas recomendaciones generales:

- No tocar las fotografías, revistas o libros con la mano desnuda, sino con  guantes de algodón. Cambiar frecuentemente los guantes para no ensuciar los documentos.

- No retirar los libros de su estante enganchándolos con el dedo en la parte superior del lomo. Esto provocará una rotura innecesaria. Debe haber suficiente espacio entre estantes como para introducir la mano hasta traer el libro hacia nosotros y luego tomarlo cómodamente.

- No comer, beber o fumar en las áreas dedicadas a la guarda, consulta o limpieza de los materiales del archivo pues atraerán insectos. Dedicar  una zona o área específica para tomar los refrigerios.

- Si hay radiadores de calefacción debajo de los anaqueles de la biblioteca, deben desactivarse pues su calor alterará el agua en equilibrio que tiene el papel.                                                                                             

-Al decidir calefaccionar una sala donde hay documentación, eliminar el uso de las pantallas infrarrojas de gas y las de gas de kerosene, que a la vez que provocan un cono muy pronunciado de calor, ceden al aire los residuos de la combustión del hidrocarburo,  agua, entre otros. Usar calefactores eléctricos de aceite.

 

A los daños provocados por el uso intenso y a veces descuidado de los documentos, agreguemos el deterioro debido a la inestabilidad intrínseca de algunos materiales donde las moléculas se acomodan hacia formas más estables pero perdiendo en el camino las características de origen y perturbando los objetos vecinos o que están en íntimo contacto.

 

Este fenómeno de estabilización se produce en muchos materiales dentro de un museo o archivo fotográfico. Sucede con los protectores de plástico que contienen PVC (cloruro de polivinilo) usado en la fabricación de algunos álbumes (tapas y fundas) para guardar fotografías y en las planchas porta-diapositivas. A veces se lo encuentra en cajas rígidas para diapositivas.

 

El modo más sencillo para identificar estos plásticos y evitarlos es valernos del olfato: si huele, por leve que sea este olor, no utilizar.

 

                Ciertos adhesivos entran también en esta categoría de elementos aparentemente inocuos pero capaces de alteración, migrando hacia el interior del papel y apareciendo por la otra cara, dejando manchas indelebles, tales como la “plasticola” o el cemento de látex.

 

 Las cintas de presión transparentes tienen esta característica (tipo Scotch). Jamás fijar una etiqueta o hacer una reparación con estas cintas ni aún con las de mejor calidad. Las cintas de papel con adhesivo marca Filmoplast, se pueden usar, siempre y cuando no toquen el documento.

 

No usar las bandas elásticas pues se disuelven y forman una pasta imposible de quitar. Los clips y los broches metálicos se oxidan, manchando papeles y textiles.

 

Por lo tanto hay que remover de nuestra colección las cintas adhesivas, clips, broches metálicos de cualquier tipo, banditas elásticas, sobres de correo o de papel madera (papel kraft) que pueden ser usados para guardar fotos en su interior. Tampoco hay que usar hilos para atar paquetes de documentos, papeles y fotografías, pues se hunde en los materiales causando roturas. Atar con una cinta de algodón de al menos 1 cm de ancho, y luego poner en cajas.

 

En este repaso de resguardos, vamos yendo desde lo íntimo, es decir lo que está en contacto con el propio soporte del original, hacia afuera. Estemos atentos a cualquier interacción entre las protecciones y el objeto. A veces despertamos reacciones en una pieza que está sin abrigo, al aire, simplemente porque lo enfundamos en un material con el que hay incompatibilidad, como por ejemplo los negativos de nitrato en fundas de plástico. Si a esta combinación le agregamos temperatura, ya tenemos un problema. Pero este ejemplo es muy particular y lo uso sólo a modo ilustrativo ya que cada caso debe ser estudiado por separado.

 

Continuando con la cadena de protección:

Tenemos el primer envoltorio, el sobre, que colocamos en cajas, que a su vez se acomodan en muebles metálicos.

No usaremos muebles de madera “aglomerada” porque despide gases fenólicos que afectan las fotografías.

La sala elegida donde ubicaremos estos muebles no debe tener ventanas ni problemas de humedad en las paredes. No deben pasar cañerías. Que no tenga posibilidades de inundarse. La instalación eléctrica debe ser nueva y con disyuntor. La electricidad no debe interrumpirse en el repositorio, tenemos ventiladores funcionando y posiblemente un deshumectador, una estación meteorológica, etc. Por si hubiese un apagón general, hay que instalar una luz de emergencia.

 

En muchos repositorios que he visitado, en lugar de invertir en hacer una buena instalación eléctrica, cortan el suministro cuando el personal se retira a las 5 de la tarde y entonces ni pensar en recoger datos con la estación meteorológica ni que las cámaras de vigilancia funcionen, ni las alarmas, ni las baterías de las luces de emergencia, etc, etc.

 

Ya dijimos que la ubicación de la sala en el edificio tiene que ser interna para que la temperatura no oscile demasiado, cosa que ocurrirá si el sol cae sobre ella durante parte del día. Sabemos que los ambientes destinados a guardar archivos son los más despreciados como “la salita de la terraza” o el subsuelo. Hay que evitar poner documentación en esos lugares tan inadecuados y no debemos tener aprensión de poner nuestros documentos en salas cerradas si nos aseguramos de tener el aire en movimiento y con la humedad por debajo del 50 %. Si hay olor “a encierro” es porque algo está ocurriendo y debemos buscar la causa. Si hay elementos tales como nitrato o diacetato de celulosa, entonces sí buscaremos de tener una renovación del aire en lugar de tener sólo movimiento del aire.

 

Para concluir, recapitulemos algunas causas de pérdidas en el acervo:

 

Es nuestra responsabilidad advertir a los funcionarios (a todo nivel ) acerca de:

*El manejo de los tiempos, si se trata de mudar un archivo;

*Advertirles de los daños que provoca la luz si se trata de organizar una exhibición prolongada de fotografías delicadas u otros papeles (respetar las recomendaciones del conservador);

*No disponer arbitrariamente de los bienes museológicos “estéticamente atractivos” para adornar sus oficinas. Elegir cuidadosamente el sitio a colgar las pinturas. Nunca sobre las estufas.

 

A veces me pregunto qué sentido tiene elaborar planes y buscar soluciones incluso sofisticadas desde el punto de vista de la conservación, cuando en realidad no hay una política coherente de guarda y preservación de nuestra herencia cultural, que esté generada al máximo nivel de gobierno y a resguardo de cambios en el Gabinete. Si esa práctica no nace arriba, donde suceden las cosas, cómo podemos pedir a gente común que sean concientes del valor de una fotografía. En la investigación que hicimos junto a Gustavo Tarchini para la publicación del libro “Santiago del Estero-Fotografías 1872/1955 ” nos pudimos enterar que por lo menos cinco grandes Estudios de fotografía se deshicieron de sus archivos en esa ciudad en los últimos 40 años. Al punto tal que Santiago del Estero prácticamente no tiene memoria gráfica. Lo mismo podemos apreciar en el libro de Darío Albornoz (Rescate de los fotógrafos ambulantes e instalados en San Miguel de Tucumán ) donde casi todos los entrevistados hablan de “cajas y cajas de negativos de vidrio que tuvimos que tirar por voluminosos y pesados”.

 

En Villa Mercedes, el archivo que el fotógrafo francés Meuriot había reunido a lo largo de sus décadas de trabajo, se perdió junto con las placas que iban agregando sus seguidores en el Estudio que sucesivamente estuvo a cargo de Perinelli, Ansaloni y Perales, respectivamente, archivo estimado en unas 40.000 placas como mínimo.

 

Nosotros, los interesados en la preservación nos hacemos preguntas; pero quienes deberían interrogarse son los directores de archivos, museos o bibliotecas, buscando obtener respuestas como si fuesen detectives: ¿Hacemos lo posible para interesar a los funcionarios que manejan el presupuesto destinado a Cultura? ¿quiénes en mi ciudad guardan documentos? ¿de qué tipo son ? ¿están consultables ? Los repositorios que ya conozco ¿tienen políticas de preservación, consulta y acopio de nuevos documentos ? ¿alguien podría ayudar a financiar un proyecto de salvaguarda ?”.

 

Todo el tiempo se están generando documentos. Por ejemplo la música folclórica del interior de la provincia de San Luis, las que tocan los conjuntos semiprofesionales, músicas que no están escritas, de transmisión oral, que en la mayoría de los casos son de autor anónimo ¿alguien las recoge? .  Estas músicas, con el paso de los años van desapareciendo junto con los guitarreros sin dejar ese legado a salvo del olvido. Sería interesante que algún benefactor colaborara con esos músicos para que pudieran hacer registros grabados y asegurarse de dejar ese documento en algún lugar adecuado que naturalmente se me ocurre es el Archivo Histórico Provincial, para disfrute y estudio de las generaciones por venir.

 

Es importante y urgente comenzar una tarea de concientización desde la escuela primaria, con los niños más chicos e interesarlos en conservar su patrimonio cultural,  pues ellos serán nuestros funcionarios en el futuro. Conseguiremos por añadidura elevar la calidad de vida, que de eso se trata en definitiva.

 

 Gracias.

HGG/ 2007

 

Tomado de: www.me.gov.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualizada la última vez por Archiveros RedSocial Jul 10, 2010.

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